Las Instituciones en Roma: la República.


noviembre 22, 2010 | Historia

Lucio Junio Bruto


Mientras los griegos inventaban la democracia, los romanos expulsaban a los reyes etruscos y, acto seguido, implantaban un sistema político en el que el poder pertenece al pueblo pero es ejercido por sus representantes: era la república (del latín res publica, “cosa pública”). El gobierno se confiaba a magistrados elegidos por un año: los cuestores, responsables de las finanzas; los ediles, con atribuciones variadas ( aprovisionamiento de la ciudad, inspección de los edificios, organización de los juegos); los pretores , encargados de la justicia; y, en la cúpula de la jerarquía, dos cónsules.
Los primeros años de la República, sin embargo, se vieron agitados por las rivalidades que enfrentaban a las clases sociales. Los patricios se habían organizado en una casta y se reservaban las magistraturas, a las que los plebeyos, que representaban a la mayoría del pueblo, también querían tener acceso. Para que se les reconociera ese derecho, los plebeyos se retiraron al monte Aventino. Privada de la mayor parte de su población Roma no podía sobrevivir. Y así, la plebe consiguió sus magistrados, los tribunos. Reagrupados patriciado y plebe, el pueblo romano (populud), con exclusión de las mujeres, se reunía en asambleas llamadas comicios. Cada año, éstos elegían a los magistrados y votaban las leyes. Pero había otra asamblea que poseía una gran parte del poder; era el senado, constituido por trescientos miembros de la aristocracia, a menudo antiguos cónsules y en todo caso hombres investidos de una gran autoridad.
En principio, los senadores, que se distinguían por su toga adornada con una banda de púrpura, debían mantenerse alejados de cualquier actividad comercial. En las sesiones que celebran en el edificio de la curia,en el centro de la ciudad, fijaban los presupuestos del Estado, decidían cuántos legionarios se reclutarían, recibían a los embajadores extranjeros , declaraban la guerra y firmaban la paz. Ningún proyecto de ley podía ser votado por el pueblo son que antes pasara por sus mano. Como las asambleas populares, el senado también estaba presidido por turno por los dos magistrados supremos del año en curso, es decir, por los cónsules, qie eran elegidos por la asamblea del pueblo. En las cuestiones financieras o el el reclutamiento de las legiones, los cónsules habían de contar con la aprobación del senado. Pero disponían de una amplia autonomía para negociar con las potencias extranjeras y para dirigir el ejército.
A menudo, las campañas militares los mantenían alejados de Roma. En tales casos, el senado debía reemplazar a los cónsules designando un magistrado con poderes especiales a título temporal; era el dictador, al que asistía un maestre de caballería. El dictador era dueño de la totalidad del poder ejecutivo y, excepto en lo que concernía al tesorro público, no tenía que rendir cuentas a nadie.


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