El Humanismo
marzo 13, 2011 | Internet
“No se puede ver en el mundo nada más admirable que el hombre”. Desde este principio supremo procede, más allá de las divergencias, el vasto movimiento cultural llamado humanismo. Moralistas, pedagogos,filósofos, juristas, artistas y políticos, cada uno de ellos ha intentado definir y practicar, a su modo, una forma de perfección humana: así Marsilio Ficino o Leonardo da Vinci en Italia, Montaigne, Erasmo o Rabelais en el resto de Europa participan en la más ambiciosa aventura intelectual del Renacimiento.
Los primeros humanistas: La vida activa.
Los humanistas de la primera generación (1400-1450) exponen una enseñanza moral que exalta la vida activa, el compromiso cívico y la dignidad del hombre. En sus estudios Coluccio Salutati (1331-1406) insiste en la vocación del hombre como elemento activo en este mundo; nadie debe ser insensible a lo que ocurre a su alrededor, tanto más si tiene en cuenta que la personalidad se forja y afirma la acción.Matteo Palmieri (1406-1475), humanista y embajador, considera que las principales cualidades del hombre son el valor -vitus- y la fuerza -forteza-. Este respeto por la acción lleva a estos autores a despreciar ciertas ciencias que en el siglo XIV carecen de aplicaciones prácticas: astronomía, física…”Los que pierden el tiempo en trabajos oscuuros y difíciles que no tienen ninguna aplicación, merecen el desprecio general”, escribe Palmieri. Ser rico es, pues, un deber moral, por cuanto la comunidad se beneficia de ello; para algunos, ¡los pobres son parásitos! Salutati, por el contrario, piensa que el individuo debe olvidarse de su propio interés y sentirse orgulloso de practicar la solidaridad y la abnegación.
Esta lógica se opone evidentemente a la enseñanza de la Iglesia, que insiste en la contemplación y en el aislamiento, en particular para los monjes. Así, frente al edificio de los valores cristianos se levanta un sistema, rival per no agresivo, cuyos valores son más terrenales y “temporales”, y del que no se excluyen ni la política ni la economía.
Fra Luca Pcioli (1445-1510) amigo de Leonardo, enseñaba matemáticas; estudió sobre todo la “sección áurea”. Utilizada por algunos pintores, esta fórmula geométrica permite componer armoniosamente una obra.
Miguel Ángel (1475-1564) prolonga en el siglo XVI esta pasión por el hombre; el cuerpo humano, despreciado a lo largo de siglos precedentes, se considera ahora como un compendio de la armonía del universo.
La segunda generación : La vida contemplativa.
La década de 1450 ve emerger un humanismo promotor de valores opuestos a los de la primera generación: mientras que los primeros teóricos insistían en la vida activa, los pensadores de la segunda mitad del siglo privilegian la “vida contemplativa”, en un reencuentro con el cristianismo.
Marsilio Ficino es quien mejor encarna esta segunda generación. Protegido por Cosme de Médicis y después por Lorenzo, gran traductor de los filósofos antiguos en particular Platón, funda en 1462 la Academia, una especie de escuela con unos estatutos muy libres en la que se reúnen los espíritus más brillantes, como Pico de la Mirandola, Cristoforo Landino oPoliziano.
Para Ficino, el universo es la expresión del amor divino. El alma es reflejo de Dios, al que intenta alcanzar, pero como el cuerpo se lo impide, debe desprenderse de todas las inquietudes terrenales (negocios, política, etc.). Sólo a este precio podrá acceder a la contemplación y liberar al hombre de su condición mortal.
Las artes adivinatorias rechazadas por los primeros humanistas, vuelven a ser aceptadas: la astrología, por ejemplo, se utiiliza como un medio para descubrir las armonías secretas del universo.
Para los humanistas , la familia es la célula social más importante y la más hermosa realización humana. Coluccio Salutati (1331-1406), canciller de -florencia desde 1375 hasta 1406 y notario de formación, escribe : “Debemos respetar a nuestros padres, querer a nuestros hijos y ser afectuosos con todos: pero todo eso se lo debemos tanto a nuestra patria como a nosotros mismos”.
Se exaltan las cualidades cívicas; así, cuandocon motivo de la peste de 1383 algunos florentinos abandonaron la ciudad para escapar del mnal, cosa frecuente cuando hay epidemia, Salutati, qie decidió quedarse , escribió a dos de aquéllos para recordarles que su huida no era digna de unos ciudadanos ejemplares y que, al obrar así, ¡no imitaban precisamente el valor de los antiguos romanos!

La acción virtuosa, que hace posible que la ciudad crezca y se embellezca, es prenda de gloria:”Nuestra vida- escribe Palmieri- es breve y mortal, pero el eco de las acciones realizadas virtuosamente la hace más grande y, con la gloria, la convierte en inmortal”.
La noción de virtud es fundamental. Con ella se designa la capacidad del individuo para participar de una manera útil en la vida colectiva. Esta virtud no es un don de Dios; depende totalmente de la psicología humana. El individuo está dotado de muchos dones naturales -que no son de orígen divino- y a él le corresponde hacerlos fructificar. Así, en política, Maquiavelo muestra en “El Príncipe (1513)” que lo único real y efectivo es la determinación del hombre, mientras que en los siglos anteriores se creía en la intervención de la divina providencia en todos los asuntos terrenales. La virtud se basa en la “razón”. Esta no es un medio para acceder a un conocimiento abstracto sino una forma de inteligencia práctica que debe responder de manera concreta a las situaciones políticas, económicas o militares.
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