El Renacimiento italiano. Ciudades medievales.
marzo 12, 2011 | Internet
El particular esplendor que caracteriza a la Italia de los siglos XIV a XVI radica en tres motivos fundamentales: su culto a la belleza, su redescubrimiento metódico de la Antiguedad grecolatina a partir de los textos originales y su gran confianza en el hombre. El individuo ha de ser dueño de su destino en una sociedad en la que los valores laicos se afirman a pesar de la Iglesia y de la gran influencia de ésta.
El desorden y la confusión de las ciudades medievales se habían hecho insoportables para sus habitantes.
La estrechez, la oscuridad e irregularidad de las calles tortuosas hacían de la urbe medieval un paraíso de los atracadores. El desarrollo de las ciudades exigía cambios profundos. Así pues, los urbanistas de los nuevos tiempos cortan por lo sano y derriban muros, chamizos, tiendas y barrios enteros. Abren avenidas rectilíneas e instalan plazas rectangulares por las que circule el aire. Este espíritu geométrico no es nuevo, puesto que viene inspirando las artes plásticas ya desde la década de 1410. Teóricos como Alberti escriben tanto sobre urbanismo como sobre la pintura. E incluso en algunas ciudades como Florencia y Turín, basta simplemente con recuperar los antiguos trazados romanos que todavía se pueden distinguir después de tantos siglos.
En arquitectura nace un estilo cuyas características son las perspectivas rectilíneas, la alineación de los frontones, el arco rebajados y la disposición de elementos idénticos y simétricos en cada fachada. Las familias principescas desempeñan un importante papel en esta renovación artística. En Ferrara, los Este emprenden una remodelación de su ciudad que durará cerca de sesenta años. Hércules I (1433-1505), sobre todo, acomete la obra más grande de cuantas se llevan a cabo en Italia durante el siglo XV: ¡la superficie de la ciudad se triplica! A lo largo de las nuevas calles se alinean modestas casas destinadas a los artesanos y a las familias menos acomodadas.
En el siglo XVI Roma se impone como la más hermosa ciudad de Occidente: sus calles embaldosadas, sus vías nuevas y rectas, sus monumentos, sus jardines y sus fuentes configuran un urbanismo racionalista sin equivalente por aquel entonces.
Crónica Visual Larousse

